Iglesia Cristiana Internacional

La Casa de Dios       

 

                               “Y mis ojos y mi corazón estarán allí para siempre.” 2 Cr. 7:16


Era una madrugada a finales de Agosto del 2005.  Dios lo tenía todo planeado.  De un momento a otro empecé, junto con mi esposa Jennifer, a sentir una carga muy intensa, casi agonizante, por la gente de este lugar.

Muchos sin una iglesia que pudiera fluir en el sentir de alcanzar a los perdidos.  Casi todos enfrascados en sus asuntos, y el encontrarnos con gente tan insatisfecha nos llevó a consultar al Señor acerca del por que de este asunto.  Teníamos amigos que
aceptaban a Cristo como su salvador y la pregunta era la misma ¿Dónde les enviamos a que se congreguen?  

No era un asunto de encontrar una iglesia perfecta, mas bien era lo contrario - una iglesia donde cada uno pudiera ser tal cual es y aun así, saber que Dios lo podía usar.  Muchos llegaban a iglesias donde se sentían aún mas miserables de lo que eran.  Les enseñaban tantos requisitos obsoletos para
poder trabajar en esta gran tarea.

Encontramos que el amor a la “camiseta “, o el apasionamiento por la denominación habían desplazado el verdadero significado del Cristianismo.  Un día escuché a mi pastor decir que el Cristianismo es practico.  Ser Cristiano es “andar como Cristo anduvo y hacer lo que Cristo hizo.”  Mira a tu alrededor y observa cuantos que se dicen ser Cristianos o ostentan un cargo en la iglesia, caminan sobre las huellas que el Maestro dejó para marcar nuestro camino. Este era el desafió que Dios nos confiaba.

Un día me levante casi a la 1:00 de la mañana de mi cama.  No era la primera vez que pasaba esto.

Escuche una voz que me llamaba por mi nombre, di un brinco y le decía a mi esposa, ¡me llaman, me llaman! ¿Escuchaste la voz que me llamaba? Ella solo atinaba a no decir nada. ¡Oh era Dios quien me estaba llamando! Eso lo supe días después.  

 

Me desperté de madrugada, eran quizás las 2:00 o 3:00 de la mañana. Todo fue muy extraño al inicio para mi. Casi como autómata me postre en la sala de la casa y empecé a orar le dije, “Señor cuando harás algo paro este pueblo.”  

Casi muero cuando con los ojos cerrados me vi parado en un lado de la acera mirando hacia el lado opuesto donde se veía una iglesia abierta de par en par.  Era algo extraño lo que allí ocurría.  

En esta visión yo me acercaba a ver que estaba pasando.  Vi gente postrada y muchos arrodillados, otros lloraban y había una presencia de DIOS muy fuerte allí.  Una cosa me llamó la atención: en el pulpito no había nadie.  Le dije ¿Señor, donde esta esa iglesia?¿Quieres que valla allí?¿Hay algún mensaje que debo darle a esa iglesia?¿Dónde está?

Lo que El respondería me partió en mil pedazos: ”Esa iglesia la levantaré contigo.  Te doy la visión de lo que quiero para este pueblo.” No, lo podía creer.  Escuché de visiones contadas por otros y experiencias alucinantes, pero esto era demasiado para mi.  Por días luché conmigo mismo pensando en que no podría hacerlo y pensando en nuestra economía.  Sabía que significaba ser pastor, no era un juego, no estaba en mis planes, al menos aún no.

“Y ellos saliendo, predicaron, en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amen” (Mr. 16:20)

Había llegado el momento crucial en mi vida.  Esta palabra revolucionó mi vida.  Era un asunto de creer y dar el paso, o vivir como muchos, en el fracaso y la conmiseración. NO ES UN ASUNTO DE CONTEXTO SI NO DE FE.

No, te pierdas esta fascinante historia de los inicios de esta “visión de amor por los perdidos”.

 Fernando Garcia Avalos
Pastor de la Iglesia Cristiana Internacional “LA CASA DE DIOS”

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